Open Letter From the César Andreu Iglesias Community Garden to the Philadelphia Land Bank Board of Directors / Para la junta directiva del Land Bank

by The Members of the Iglesias Community Garden / Los miembros del Jardín Comunitario Iglesias
Featured image by the authors.

Since its inception in 2012, the Cesar Iglesias Community Garden has played a major role in strengthening neighborhood bonds in the Kensington community. Through years of building community engagement and support, we were able to empower Philadelphians to have legal, personal ownership of their lots which they have tended for generations. The Land Bank of Philadelphia is the organization that we have appealed to in order to actualize community empowerment. However, on multiple occasions, the Land Bank through their elected and chosen representatives, have shown that they do not value community members or the transformative power that community gardens have for changing the social landscapes for one of the most impoverished neighborhoods in Philadelphia. Throughout the entire process of working with the Land Bank to acquire both our garden land and side lots in this neighborhood, there has been a major lack of respect for community members and very little transparency.

For context, our garden has been applying for these lots for years – sent in EOIs, called and emailed the Land Bank and Councilwoman Maria Quinones-Sanchez, with no response. We followed every step available to us. In March, flyers went up in 59 lots around the neighborhood, including in our garden and neighbors’ side lots, stating that they would be developed. We were able to halt this. In August, we met with the Land Bank and got verbal confirmation that all requested lots (garden and side) would be held, with the expectations that ownership would be eventually transferred. We submitted applications on October 8th, and after review, submitted revised applications on November 3rd.

In mid-November flyers went up throughout the neighborhood, stating that the requested parcels would be up for a vote on December 8. None of us received any other notification – no call, no email — just the jargon-filled, rain damaged flyers. On November 25, we spoke with Angel Rodriguez, who said we would be on the December 8th agenda and all of our applications and materials were complete. We just needed to file a Unincorporated Non-profit Certificate, which we completed on November 27.

We worked hard and diligently to ensure that we held our part of the bargain. On December 3, a friend of the garden sent us the posted Land Bank agenda with the Iglesias Garden parcels tabled. We were never notified that this was the case. We tried to get in contact with the Land Bank to figure out why. On the only call that was actually answered, we were hung up on when we asked why the garden parcels were tabled. It was not until 6pm on Friday, December 5, that Angel outlined the reasoning for our being tabled. There were small paperwork details that could have been easily worked out in time for the December 8 agenda.

This illustrates a systemic problem within the Land Bank’s process. Despite the Land Bank’s stated goals of supporting, “Affordable, market rate, or mixed-income housing development, business expansion, community facilities, side- and rear-yards, and Gardens and community open space, including urban agriculture,” it is clear that developers are heavily favored over communities through this process. The complicated application process is clearly designed for a real estate development team to assemble, and for individuals who are fighting to preserve their neighborhood, there’s no signs of relief. The Land Bank has little to no community support through its application process: there is essentially no engagement about the future of publicly owned space; meetings are confusing, with unclear needs and next steps being poorly communicated; and the refusal to help community members with application questions, translation needs, and financial relief to acquire property that they have tended to for years. This is an organization that systematically favors development interests over any competing community interest.

The Land Bank is obviously most interested in disposing publicly-held lands as rapidly as possible. Is this in line with the city’s stated goals of its 2035 plan, wherein the city would preserve open space and protect cultural institutions? If the Land Bank continues to turn over public land to developers without community input, surely not. Perhaps more critically, though, is this in line with a community’s right to determine its own destiny, its own future? Certainly not. How can community members in this city have a say on what happens in their neighborhood, if civic and public institutions continue to fail them? Without sweeping change throughout the whole of the Land Bank, from its focus on developers’ interests to its unwillingness to engage the public, it will continue to be another city institution designed to help the rich get richer while the rest of the city suffers.

We demand that community members, community land and democratic processes are respected, honored and prioritized by the Land Bank of Philadelphia.

Sincerely,
The Members of the Iglesias Community Garden

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Desde su comienzo en 2012, el Jardín Comunitario César Iglesias ha desempeñado un papel clave en fortalecer los vínculos entre los vecinos en la comunidad de Kensington. Al cabo de años de desarrollar la participación y el apoyo de la comunidad, pudimos empoderar a estos filadelfianos a tener control legal y personal de sus lotes, los cuales han cuidado por generaciones. Hemos acudido a la organización del Land Bank of Philadelphia para realizar el empoderamiento comunitario. Sin embargo, en múltiples ocasiones, el Land Bank, a través de sus representantes elegidos y señalados, ha demostrado que no valora los miembros de la comunidad ni el poder transformativo que tienen los jardines comunitarios para cambiar el panorama social en uno de los barrios más pobres de toda Filadelfia. A través del proceso entero de trabajar con el Land Bank para adquirir el terreno de nuestro jardín y los terrenos adyacentes en este vecindario, ha habido una enorme falta de respeto hacia los miembros de la comunidad y muy poca transparencia.

Como contexto, nuestro jardín ha estado solicitando estos lotes por años – presentamos manifestaciones de interés, llamamos y enviamos e-mails al Land Bank y a la consejala María Quiñones Sánchez, sin respuesta. Tomamos cada paso viable para nosotros. En marzo, aparecieron volantes en 59 lotes alrededor del vecindario, incluso en nuestro jardín y los terrenos adyacentes de nuestros vecinos, declarando que serían urbanizados. Pudimos detener esto. En agosto, nos reunimos con el Land Bank y obtuvimos confirmación verbal que todos los terrenos solicitados (los del jardín y los adyacentes) serían reservados, con la expectativa que la propiedad de éstos sería eventualmente transferida. Entregamos solicitudes el 8 de octubre, y después de su revisión, entregamos solicitudes revisadas el 3 de noviembre.

A mediados de noviembre aparecieron volantes por todo el vecindario declarando que las parcelas solicitadas serían sometidas a un voto el 8 de diciembre. Ningunos de nosotros recibimos ninguna otra notificación – ni llamadas, ni e-mails – solo volantes repletos de jerga técnica y empapados de lluvia. El 25 de noviembre hablamos con Ángel Rodríguez, quien nos dijo que estaríamos apuntados en la agenda del 8 de diciembre y que todos nuestros materiales y solicitudes estaban completos. Solo necesitabamos entregar un certificado de organización sin fines de lucro y no incorporada, lo cual realizamos el 27 de noviembre.

Trabajamos con esfuerzo y diligencia para asegurar que estabamos cumpliendo nuestra parte del pacto. El 3 de diciembre, un amigo del jardín nos envió la agenda publicada del Land Bank, con el tema de las parcelas del Jardín Iglesias pospuesto. Nunca nos notificaron de esto. Intentamos ponernos en contacto con el Land Bank para averiguar por qué. En la única llamada que fue atendida, nos colgaron el teléfono cuando preguntamos por qué las parcelas del jardín habían sido pospuestas. No fue hasta las 6:00 de la tarde del viernes, 5 de diciembre, que Ángel reveló las razones de la posposición. Hubo pequeños detalles burocráticos que se pudieran haber resueltos fácilmente antes de la agenda del 8 de diciembre.

Esto demuestra un problema sistemático dentro del proceso del Land Bank. A pesar de los objetivos declarados del Land Bank de apoyar, “el desarrollo residencial asequible, a precios del mercado o de ingresos mezclados, la expansión empresarial, las instalaciones comunitarias, los patios laterales y traseros, y los jardines y espacios abiertos comunitarios, incluso la agricultura urbana”, queda claro que los agentes inmobilarios son favorecidos fuertemente por encima de las comunidades en todo este proceso. El proceso de solicitud complicado está obviamente diseñado para ser montado por un equipo de agentes inmobilarios, y para los individuos que están luchando para preservar sus vecindarios, no hay ningunas señales claras de alivio. El Land Bank presta poco o ningún apoyo comunitario durante su proceso de solicitud: hay practicamente ningún compromiso con el futuro de los espacios públicos; las reuniones son complicadas, con necesidades confusas y los próximos pasos mal comunicados; y un rechazo de ayudar a los miembros de la comunidad con preguntas acerca de la solicitud, necesidades de traducción y asistencia financiera para adquirir propiedades que han estado atendiendo por años. Esta es una organización que favorece clara y sistemáticamente a los intereses de los agentes inmobilarios por encima de cualquier interés comunitario competidor.

Es evidente que a lo que más le interesa al Land Bank es disponer de terrenos públicos lo más rápido posible. ¿Será esto consistente con los objetivos declarados del plan 2035 de la Ciudad, en donde la Ciudad preservaría los espacios abiertos y protegería a las instituciones culturales? Si el Land Bank sigue entregándoles terrenos públicos a los agentes inmobilarios sin participación comunitaria, parece que no. Pero tal vez, y de mayor gravedad, ¿será esto consistente con el derecho de una comunidad de determinar su propio destino y su propio futuro? De ninguna manera. ¿Cómo pueden tener una voz los miembros de la comunidad en esta ciudad sobre qué sucede en sus vecindarios si las instituciones cívicas y públicas siguen defraudándoles? Sin un cambio de gran amplitud en todo el Land Bank, de su prejuicio a favor de los intereses de agentes inmobilarios, a su rechazo a comprometerse con el público, será otra institución municipal diseñada para ayudar a los ricos a enriquecerse más mientras el resto de la ciudad sufre.

Exigimos que los miembros de la comunidad, los terrenos comunitarios y los procesos democráticos sean respetados, honrados y priorizados por el Land Bank of Philadelphia.

Atentamente,
Los miembros del Jardín Comunitario Iglesias


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